Es indignante ver cómo se ríen de los ciudadanos nuestros políticos. Ahora le toca el turno a José Antonio Nieto, el alcalde de Córdoba, cuya promesa de no presentarse a las elecciones municipales en 2015 si no conseguía reducir el paro van a quedar en nada.
La situación es muy fácil de entender. Es cosa normal en todos los políticos, sobre todo los del PP. Prometo lo que sea y luego ya veremos.
En este caso creía tener todas las cartas a su favor. En 2010, después de tres años de crisis, nada hacía presagiar que 4 años más tarde la situación no mejoraría. Así que se lanza con su promesa de no presentarse como alcaldable si no se reduce el paro en estos cuatro años. Y eso que las competencias no son atribuibles en gran medida a las autoridades locales, pero da igual, como mejorará, pensó, me apuntaré el tanto aunque no sea cosa mía.
Lo malo es que la situación no ha mejorado. ¡¡¡Ahora hay 6.000 parados más!!!
Esto es lo que me imagino que habrá pasado por la mente de Nieto, cuando se encontró acorralado por su promesa:
¿Y ahora qué? Si me hubieran elegido para liderar el PP andaluz ahora no tendría este problema. Cuando hice esa estúpida promesa estaba claro que habíamos tocado fondo pero no era así. Pués está claro que no voy a renunciar a mi puesto por una promesa sin importancia. A ver si voy a ser el único político de España que vaya a cumplir su palabra... Lo malo es que fue tan categórica la promesa que es difícil que la gente no se mosquée cuando les diga que me paso la promesa por el forro. ¿Qué hago?
Ya está. ¡Qué fácil ha sido! Digo que cumpliré mi promesa salvo que mis amigotes me pidan que siga como alcalde. Realmente debería de preguntarle a la ciudadanía de Córdoba que es a la que hice la promesa, pero en ese caso no me dirían que siga. Se lo pregunto a los míos y ya está...
Pués sicho y hecho: ahí va el anuncio del alcalde. Y lo que digan los demás me importa bien poco.
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
Ayn Rand (1950)
jueves, 3 de julio de 2014
El valor de las promesas del alcalde de Córdoba, José Antono Nieto
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